Mover ficha: convertir la indignación en cambio político

El documento Mover Ficha (de enero de 2014) se considera el manifiesto fundacional de Podemos. Quizá sea un buen momento para recordar lo que se planteaba antes de todo lo que ha venido después… 

Mover ficha: convertir la indignación en cambio político

Al igual que en otros momentos de la historia, vemos hoy un continente europeo
sumido en la perplejidad. Mientras las mayorías miran con nostalgia el pasado
perdido, unas poderosas minorías, sin otro criterio que su propia supervivencia,
demuestran que el enriquecimiento es su bandera y la impunidad su horizonte.
Nunca en Europa ha habido tanta gente descontenta con la pérdida de derechos y,
al tiempo, menos perspectivas de poder canalizar esa indignación a través de
alguna opción electoral que emocione y que, al tiempo, demuestre capacidad de
representación de las mayorías golpeadas y capacidad de gestión eficiente y
comprometida que haga reales las mejores opciones posibles. Resulta para
muchos intolerable que en la mayor crisis del sistema desde el crack de 1929, las
fuerzas que se dicen progresistas muestren su mayor debilidad, condenando a las
mayorías de nuestros países a una suerte de melancolía que conduce a la
resignación y a la depresión política. Pero hemos pasado por peores momentos y
hemos sido capaces de sobreponernos a las dificultades. ¿Por qué debiera ser
ahora diferente?

Las elecciones al Parlamento Europeo se van a celebrar en un momento de profunda crisis de legitimidad de la Unión Europea. En nuestro caso, estamos ante la mayor pérdida de credibilidad del régimen nacido con la Constitución de 1978. Movimientos de indignación política como el 15M conectaron con una clara voluntad popular: no sacrificar más derechos en el altar de unos mercados guiados por la especulación y la rapiña. La impotencia o dejación de responsabilidades de los Gobiernos, la incapacidad voluntaria de los partidos políticos de gobierno, la conversión de los Parlamentos en órganos burocráticos y sin capacidad política y el desconcierto de los sindicatos han dejado a la ciudadanía abandonada a su propia suerte. Como en tantos otros países, la perplejidad está siendo utilizada para convertir las deudas privadas en públicas, para traspasar a grupos particulares los bienes comunes levantados durante décadas y para dedicar los últimos recursos públicos a la financiación de intereses empresariales particulares y estrechos. Estamos ante un golpe de Estado financiero contra los pueblos del sur de la Eurozona. Los que mandan están vendiendo el país y nuestro futuro a trozos. El aumento de la represión (con leyes más autoritarias, incremento de las multas en un escenario de empobrecimiento económico e, incluso, dificultades para el ejercicio de derechos civiles y políticos) termina de completar un paisaje dominado por el agravamiento de las desigualdades sociales y de género y una mayor depredación de los recursos naturales. No es extraño el pesimismo y el derrotismo que parecen mostrar sectores a los que, sin embargo, les bastará una chispa de ilusión para salir de esa trampa de la desesperanza.

Las leyes de seguridad ciudadana (que convierten en delito las formas de protesta
inauguradas por el 15M), el regreso de la represión contra la libertad de las
mujeres, el cercenamiento de la democracia en los ámbitos políticos locales, el mayor control de los medios de comunicación o el control de la judicatura quieren
crear un escenario donde el miedo suspenda la democracia. Formas que caminan
hacia regímenes autoritarios envueltos en procesos electorales cada vez más
vaciados de contenido. ¿Tiene sentido que el 90% de la población que está
sufriendo estas políticas no se dote de herramientas para crear un futuro más
luminoso?
Pero no es cierto que estemos instalados en la derrota. Pese a esos intentos,
vemos que ese muro no es infranqueable y que, desde abajo, es posible frenar
estos procesos de involución de nuestras democracias. Hoy es una realidad
nuestra exigencia de una política que regrese a las calles, que hable como la
mayoría de la gente que está harta, es más real que nunca nuestra exigencia de
una mayor generosidad a los representantes, de una mayor horizontalidad y
transparencia, de un regreso de los valores republicanos de la virtud pública y la
justicia social, del reconocimiento de nuestra realidad plurinacional y pluricultural.
Hacía décadas que no era tan real nuestro deseo de tomar nuestras propias
decisiones y responder a nuestras propias preguntas. La casta nos conduce al
abismo por su propio beneficio egoísta. Sólo de la ciudadanía puede venir la
solución, como han venido la protección del empleo, la defensa de las familias
frenando desahucios o la garantía de los servicios públicos, pequeñas pero
significativas victorias. La movilización popular, la desobediencia civil y la
confianza en nuestras propias fuerzas son imprescindibles, pero también lo es
forjar llaves para abrir las puertas que hoy quieren cerrarnos: hacer llegar a las
instituciones la voz y las demandas de esa mayoría social que ya no se reconoce
en esta UE ni en un régimen corrupto sin regeneración posible.

En las próximas elecciones al Parlamento Europeo es necesario que haya una
candidatura que se ofrezca a la ola de indignación popular que asombró al mundo.
Nos alegramos del avance de las fuerzas de la izquierda, pero somos conscientes
de la necesidad de hacer algo más para poner en marcha los cambios que
necesitamos. Es tiempo de valentía y de no dejar que se cierre la ventana de
oportunidad que el compromiso de tanta buena gente ha abierto. Necesitamos una
candidatura unitaria y de ruptura, encabezada por personas que expresen nuevas
formas de relacionarse con la política y que suponga una amenaza real para el
régimen bipartidista del PP y del PSOE y para quienes han secuestrado nuestra
democracia. Una candidatura que sume a la capacidad de gestión de lo público, la
capacidad de involucrar a las mayorías en la configuración de su propio futuro.
Una candidatura que dé respuesta a esa juventud a la que se invita a abandonar
otra vez el país, a unos trabajadores que ven mermados día a día sus derechos,
unas mujeres que tienen que volver a reclamar lo obvio, unas personas mayores a
las que parece no haberles bastado luchar y trabajar toda una vida. Una
candidatura que avance desde los espacios ya logrados y que logre avanzar más
allá de la parálisis actual. Una candidatura que mueva ficha para convertir el
pesimismo en optimismo y el descontento en voluntad popular de cambio y
apertura democrática.

1.Una candidatura por la recuperación de la soberanía popular: es la ciudadanía la que
tiene que decidir, no la minoría egoísta que nos ha traído hasta aquí. Primero van las
necesidades de la gente. La austeridad y los recortes ahogan la economía y nuestras vidas.
Hay que derogar el artículo 135 de la Constitución española y una moratoria para llevar a
cabo una auditoría ciudadana de la deuda qué determine qué partes de la misma no son
legítimas; las deudas ilegítimas no se pagan. Es necesario una política alternativa que establezca un impuesto sobre las transacciones financieras y el control sobre el
movimiento de capitales, así como la nacionalización de la banca privada. Las
administraciones que en nuestro país han asumido las recetas de la austeridad son la
prueba de la inutilidad de las mismas para resolver los problemas de la gente. Queremos
una candidatura que se opone por tanto a los recortes que en nombre de la austeridad se
aplican por parte del Gobierno del PP en el Estado pero también por parte del PSOE y
otros partidos en diferentes Comunidades Autónomas. Queremos otra Europa, justa, la de
los derechos y la democracia, no la de la rapiña y el desprecio a los pueblos.
2. Una candidatura que, frente a unos gobiernos al servicio de la minoría del 1%
reivindique una « democracia real » basada en la soberanía de los pueblos y en su derecho
a decidir su futuro libre y solidariamente. La democracia no nos da miedo a las y los
demócratas; estamos encantados y encantadas de que escoceses y catalanes puedan
hablar y decir qué futuro desean. Por tanto, que apoya la celebración de la consulta
convocada en Catalunya para el 9 de noviembre.
3. Una candidatura que defienda los salarios y pensiones dignas, una fiscalidad progresiva
para que paguen más los que más tienen, que persiga el fraude fiscal, que rechace los
despidos en empresas con beneficios, y que apueste por el reparto de todos los trabajos,
incluido el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Es fundamental defender
condiciones de trabajo dignas para una juventud condenada a la precariedad eterna o al
exilio.
4. Una candidatura por el derecho a la vivienda digna. Hay que impulsar un parque de
vivienda pública, así como un modelo de alquiler social seguro y digno. Se puede y se debe
terminar con el drama humano de los desahucios, paralizándolos todos y aprobando la
dación en pago retroactiva, como exige la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.
5. Una candidatura que rechace todas las privatizaciones de servicios públicos y bienes
comunes: la educación, la sanidad, la justicia, el transporte, la información, la vivienda o la
cultura, que defienda la reversión de las mismas y apueste por su gestión democrática. Son
derechos y deben estar bajo control público. Una candidatura que defienda una
democracia radical donde los referéndums vinculantes y las ILP formen parte destacada de
un nuevo ordenamiento jurídico tras un proceso constituyente.
6. Una candidatura que combata la violencia machista y defienda el derecho de las
mujeres sobre su propio cuerpo y, por lo tanto, el derecho a decidir si quieren interrumpir
o no su embarazo. Y que defienda asimismo la libertad de orientación e identidad sexual
contra toda forma de discriminación y homofobia. Una candidatura por el inquebrantable
derecho a ser y amar como se quiera.
7.Una candidatura que apueste por un cambio de modelo productivo que esté al servicio
de las personas a través de una reconversión ecológica de la economía, por la
nacionalización y socialización de las empresas energéticas y por la soberanía alimentaria.8. Una candidatura que defienda los derechos de ciudadanía para todos y todas y exija la
derogación de las leyes de extranjería. Una candidatura para un país donde todas y todos
seamos ciudadanos y nadie sea invisible, presa de la sobreexplotación, la persecución o la
marginalidad por la xenofobia institucional.
9. Una candidatura que rechace las intervenciones militares, que defienda la salida de la
OTAN y sea firme defensora de las relaciones solidarias entre los pueblos.
10. Una candidatura que sea el resultado de un proceso participativo abierto a la
ciudadanía, en la elaboración de su programa y en la composición de la lista paritaria,
basada en los criterios de presencia de activistas sociales, políticos y culturales, con
rotatividad de cargos e ingresos equivalentes al salario medio. Una candidatura con
compromiso de transparencia y rendimiento de cuentas, cuyos recursos financieros sean
independientes de la banca privada y de los “lobbies”.
Quienes firmamos este manifiesto estamos convencid@s de que es el momento de dar un
paso adelante y de que dándolo nos vamos a encontrar much@s más. Los de arriba nos
dicen que no se puede hacer nada más que resignarse y, como mucho, elegir entre los
colores de siempre. Nosotros pensamos que no es tiempo de renuncias sino de mover
ficha y sumar, ofreciendo herramientas a la indignación y el deseo de cambio. En las calles
se repite insistentemente “Sí se puede”. Nosotras y nosotros decimos: ” Podemos”.

Firmantes
Juan Carlos Monedero (profesor CC. Política UCM)
Alberto San Juan (actor)
Marta Sibina (editora de la revista Café amb Llet)
Santiago Alba Rico (escritor)
Cándido González Carnero (sindicalista, Asturies)
Jaume Asens (abogado)
Albano Dante-Fachin (editor de la revista Café amb Llet)
Jorge Riechmann (poeta, activista ecologista)
Jaime Pastor (profesor CC. Políticas UNED)
Cecilia Salazar-Alonso (activista de la Marea Verde-Madrid)
Teresa Rodríguez (profesora de secundaria, delegada sindical y parte de Marea Verde Andalucía)
Francisca Camacho (limpiadora de la Universidad de Cádiz y delegada sindical)
Laura Mingorance (estudiante de la Universidad de Cádiz y parte de la Asociación Estudiantil Contra la Precariedad)
Jesús Jaén (activista de la Marea Blanca-Madrid)
Carmen San José (activista de la Marea Blanca-Madrid)
Javier Cordón (activista de la Marea Blanca-Madrid)
Sixto Casado (sindicalista ferroviario)
Antón Gómez Reino-Varela (activista social, Galiza)
Jorge Moruno (sociólogo)
Elena Maeso (Oficina Precaria, Madrid)
Isabel Serra (activista social, Madrid)
Tristán Meyer (La Tuerka)
Bibiana Medialdea (profesora de economía de la UCM)
Olga Abasolo (socióloga)
Raimundo Viejo Viñas (profesor de Ciencias Políticas de la UdG)
Germán Cano (profesor de Filosofía de la U. de Alcalá)
Rita Maestre (estudiante)
Alejandro García (delegado sindical en McDonalds, Granada)

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