Debate sobre la identidad de España (6/7): S. Payne (El Mundo, 2004)

Stanley Payne
«El fascismo español fue confuso y contradictorio»

El historiador Stanley Payne se define como un hispanista autodidacta, que se decantó por los estudios sobre nuestro país en el sudoeste de EEUU, donde siempre se había enseñado lengua española, pero no Historia de España. Se doctoró con un trabajo sobre los orígenes de la Falange Española en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Catedrático de la Universidad de Wisconsin desde 1968, ha investigado diversos aspectos de Historia contemporánea de España. Es autor de ‘La revolución española’, ‘El nacionalismo vasco, desde sus orígenes a ETA’ o ‘El régimen de Franco, 1936-1975′, libros que se han convertido en clásicos sobre las turbulencias políticas del siglo XX en nuestro país. En la actualidad, prepara un estudio sobre las causas del colapso de la Segunda República.

[Entrevista de A. Domenech y A. Arnalte]
PREGUNTA.- Hace casi treinta años que murió Franco. Desde su perspectiva como destacado investigador de la Historia de España y de los fascismos europeos en el siglo XX, ¿qué significó el periodo del franquismo?
RESPUESTA.- Varias cosas. En primer lugar, representó la victoria de la contrarrevolución en la Guerra Civil. Este fue su rasgo fundamental, junto al de un impulso regeneracionista. Como casi todo en las primeras décadas del siglo XX en España, en sus inicios, el régimen de Franco fue regeneracionista. Luego, justo después de la Guerra Civil y durante los años correspondientes a la II Guerra Mundial, se convirtió en una clase de fascismo. Pero esta etapa terminó rápidamente, pues el fin del conflicto bélico con la victoria de los aliados eliminó cualquier posibilidad de que prosperara un régimen fascista. A partir de entonces, el franquismo se desarrolló sobre dos pilares básicos. De un lado, el catolicismo y la cultura tradicional, que constituían el verdadero fundamento de la contrarrevolución, y de otro, como una supraestructura política, una especie de semifascismo. Aunque estas dos bases eran contradictorias entre sí, hay que reconocer a Franco el talento político de haber sabido manejarlas.Realmente, a partir de 1945, tuvo que apoyarse mucho más en el catolicismo y en la cultura tradicional. Franco tuvo tres ambiciones. La primera, indudablemente, mantenerse en el poder; la segunda, conseguir la regeneración, el desarrollo y la modernización de España, especialmente en los aspectos económicos y tecnológicos. Pero a la vez, y ésta fue otra gran contradicción, tuvo el propósito de mantener una sociedad y una cultura tradicionales, algo que resultó imposible. O sea que, por una parte, en lo que se refiere al desarrollo, Franco tuvo mucho éxito, fue el gran modernizador de España, pero su éxito en términos económicos eliminó la base de la cultura tradicional y el general no encontró ningún remedio contra esto.
P.- ¿Franco, el gran modernizador de España? ¿No se hubiera modernizado igual sin Franco, si después de la II Guerra Mundial hubiera seguido el camino de Italia o de Alemania ?
R.- Sí, pero no hay que olvidar que España, en el año 1936, no estaba siguiendo el camino de Italia. Además, el proceso revolucionario no iba a modernizar al país en términos económicos.
P.- Pero en términos, quizá afectivos, hoy España se encuentra exactamente igual que otros países de Europa Occidental, salvo que más de una generación ha sido sacrificada en cuanto a libertades políticas, a elecciones Y casi parece que no hubiese pasado nada…
R.- Efectivamente, la Guerra Civil y el Franquismo han sido un hiato para España. Pero la razón hay que buscarla en el proceso revolucionario de la II República. España abandonó el buen camino en el año 1923, con el primorriverismo. La mejor opción para el país hubiera sido mantener el parlamentarismo, el liberalismo, porque en aquel momento estaba en una fase de gran expansión económica. Sin embargo, lo impidió la existencia de numerosos problemas políticos, a los que no se supo dar solución. Lo más importante hubiera sido mantener el proceso de liberalización y de modernización bajo la monarquía como garante de una cierta unidad. Después de la experiencia de la primera dictadura, que radicalizó todo, con la república se desarrolló un proceso mucho más radical, que suscitaba muchísima
oposición desde todas partes y lo hizo muy difícil. España abandonó el buen camino en 1923.Después se produjo un hiato de casi medio siglo.
P.- ¿Qué diferencia había entre el fascismo español y el nazismo alemán o el fascismo italiano?
R.- Muchas. Entre los fascismos hubo toda clase de diferencias, porque el fascismo fue, sobre todo, un nacionalismo exacerbado y cada uno enfatizó las condiciones específicas de su propio país. Así, el fascismo italiano era muy diferente del nazismo alemán y, a su vez, el fascismo español, diferente de ambos, aunque más parecido al caso italiano. Yo diría que el rasgo diferencial del fascismo en España fue un cierto talante cultural tradicionalista, cosa que no tenía el italiano, que era muy modernizante. Por ejemplo, en los aspectos puramente culturales de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de Falange, se advierte un talante profundamente tradicionalista junto a un arraigado catolicismo.Así pues, el fascismo español tuvo siempre un carácter tradicionalista y por dicha razón pudo funcionar dentro del esquema franquista de la Guerra Civil. La frase que acuñó, al fin del franquismo, el sociólogo Amando de Miguel de «fascismo frailuno» es bastante acertada. El fascismo español fue un intento confuso y contradictorio, porque su propósito de combinar fascismo político y cultura católica era algo que no podía funcionar.
P.- ¿Cómo se explica que el nacionalismo español, que en el siglo XIX fue sinónimo de liberalismo y de progreso, evolucionara en el siglo XX como algo cada vez más alejado de las izquierdas, que conectaron en muchos casos con los nacionalismos periféricos?
R.- Es una consecuencia de las luchas políticas y de la radicalización.Porque en el siglo XIX había también varios discursos españolistas, pero en aquel tiempo el discurso ultraderechista no era nacionalista.El cambio, la conversión, tuvo lugar, primero, bajo la dictadura de Primo de Rivera. Se trataba de hacer un nuevo discurso regeneracionista, pero que combinara el nacionalismo español con un ultraderechismo, es decir un derechismo modernizante en lo económico, pero acompañado por aquel discurso ultracatólico que, en el siglo anterior, no había sido nacionalista. Todo esto fraguó en un tipo nuevo de nacionalismo derechista y autoritario. Sin embargo, este empeño, iniciado bajo Primo de Rivera, fracasó. Fue rechazado por el propio rey en 1930 y, luego, durante la II
República, con las luchas políticas, el proceso revolucionario y el antiespañolismo de las izquierdas.
P.- Durante el franquismo se hizo una revisión ultraconservadora de la Historia de España, que exaltaba determinadas figuras como los Reyes Católicos, los Austrias, utilizándolas como herramienta política ¿ha podido influir en que hoy se tenga una visión negativa o deformada de estas mismas personalidades y épocas?.
R.- Si, en parte. Pero no es una novedad del franquismo, porque siempre hubo, también en el nacionalismo liberal decimonónico, una exaltación de la figura de los Reyes Católicos como los unificadores de España. Ocurre, sin embargo, que el franquismo le añadió nuevos matices derechistas. Efectivamente, la debilidad del nacionalismo español deriva de eso, de la ausencia de espíritu patriótico en España, que es algo mucho más serio. Es cierto, la ausencia de patriotismo español se debe en parte a un rechazo del franquismo, pero no solamente, pues Franco hace casi treinta años que está enterrado. Es también consecuencia de la evolución de la sociedad y de la cultura españolas.
P.- Pero parece como si, en la Transición, la cultura española se definiera frente al franquismo. Así como la conciencia que uno tiene de sí mismo varía en cada momento, en la Transición se redescubre España, se reescribe otra vez, y la gente busca una nueva definición de sí misma y lo hace contra los conceptos impuestos por el franquismo.
R.- Sí, es verdad. No cabe duda que esto ha ocurrido, pero hay que preguntarse por las razones. ¿Por qué se advierte, de un lado, una ausencia de afirmación nacional constructiva y, de otro, un intento de afirmar un patriotismo constitucional, siguiendo el ejemplo alemán?. Me parece muy bien. Sin embargo podría haber también algo más: un sentido de la Historia de España que no se reduce a Francisco Franco, que es tan sólo uno de sus episodios importantes. En la historia de dos milenios, Franco supone un periodo breve. Habría que preguntarse por qué no hay más sentido de la Historia de España, de lo que ha sido a través de los siglos.¿Estamos contra Franco y eso anula un milenio? Resulta una conclusión muy simplista, que refleja una cierta ausencia de conciencia y de bagaje intelectual.
P.- Usted ha señalado la falta de un nacionalismo en España, que tras la II Guerra Mundial el nacionalismo se veía con malos ojos. ¿Cómo explicar entonces que, al final de la dictadura, las libertades en España hayan resurgido con un marcado nacionalismo periférico?
R.- Es la gran contradicción del fin del siglo XX. Que la globalización y la diversidad en todos los países subrayan también las identidades más pequeñas, más individuales, porque hay que agarrarse a algo y, si las identidades más generales se cuestionan, entonces hay que dar mayor énfasis a las identidades locales y regionales.Lo que ha ocurrido en España sucede de igual forma en otros países.En Estados Unidos, por ejemplo, donde no hay nacionalismos periféricos existe el problema de la llamada diversidad. En España, sin
embargo, el proceso es más sutil y se manifiesta de forma más intensa, debido a razones de la propia Historia y, sobre todo, por la forma de la modernización del país, que riginalmente fue más intensa en unas regiones, Cataluña y el País Vasco. Estas cobraron mayor importancia económica y, con ello, una mayor importancia política que recalcaba su identidad específica. En cambio, si la modernización de España hubiera tenido lugar en Málaga o en Sevilla, entonces el catalanismo y el vasquismo hubieran sido mucho más débiles. Así pues, es el resultado de la combinación de una serie de factores; factores
históricos más pactistas en el caso de Cataluña y más radicales y revolucionarios en el País Vasco, pero también del modelo de industrialización, de la peculiar forma de modernización de España. Por ejemplo, en Italia, el foco principal de la industrialización no tuvo lugar en Sicilia, en la región con un dialecto casi diferente, sino en el Noroeste, donde se hablaba un italiano más estandarizado. Si la industrialización se hubiera producido en Castilla la Vieja,
probablemente no estaríamos hablando del nacionalismo vasco.
P.- Pero en sus trabajos sobre el nacionalismo vasco sostiene que el fundamento ideológico de Sabino Arana, en el panfleto Vizcaya por la independencia, era un puro disparate
R.- Fue realmente un invento sobre la nada, una serie de relatos sobre supuestas batallas de las que no hay constancia. En toda la Europa contemporánea y en cuestiones de nacionalismo, no ha habido un caso más claro y neto de invento historiográfico que el del vasquismo. Casi bate todos los récords. Por ejemplo, si lo comparamos con el nacionalismo serbio, sus batallas con los turcos son un hecho histórico; puede haber exageraciones, pero al menos hay una raíz histórica, mientras que el caso vasco es un invento esencialmente puro.
P.- También ha hablado de un nacionalismo contrarrevolucionario, opuesto a los movimientos revolucionarios que se produjeron en la II República ¿Por qué cree que la Republica no triunfó en España?
R.- La República no triunfó porque tenía demasiado poco interés en la democracia, empezando por los propios republicanos de izquierda, que consideraban a la República como su proyecto político, pero no como una democratización. No creían verdaderamente en ella, porque posiblemente con la mera democratización habrían ganado las derechas. Este fue su defecto básico.
P.- Y en este sentido, ¿cómo se ve la restauración monárquica?
R.- Como un factor muy positivo. Como ya he dicho antes, creo que España perdió el buen camino el año 1923, al no haber seguido con la democratización bajo la monarquía como una institución nacional, de conjunto y garante de la unidad.
P.- Se ha escrito que la Constitución de 1978 no ha resuelto los problemas de España y que, desde entonces, España se ha desnacionalizado.
R.- Bueno, ¿qué resuelve qué? Naturalmente, una Constitución no puede de por sí resolver todos los problemas de un país. Depende de la cultura política, del desarrollo de la sociedad, de una multiplicidad de factores. Pero aunque se hubiera podido pedir más a esta Constitución, creo que era muy difícil en aquellos momentos conseguir más. En mi opinión, ha sido un modelo bastante inteligente.
P.- Y desde entonces a ahora, ¿Cómo lo ve usted?
R.- Lo veo bastante difícil, bastante difícil, pero no como consecuencia de grandes defectos de la Constitución, sino del país y también de la coyuntura histórica actual, que es una época de globalización.Y ahí está la contradicción. Por ejemplo, los catalanistas y los vasquistas creen que, en el marco de la Unión Europea, ellos pueden ser también entidades internacionales, o sea que pretenden una disgregación.
P.- ¿Y usted cree que lo podrían ser?
R.- No, no lo creo.

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