Debate sobre la identidad de España (2/7): J. Pérez (El Mundo, 2004)

Joseph Pérez
«La España de los Reyes Católicos fue una unión política más que una simple unión dinástica»

[Entrevista de A. Domenech y A. Arnalte]
Catedrático emérito de Historia Moderna de la Universidad de Burdeos, este hijo de valencianos de Bocairent sintetiza como pocos una doble fidelidad. De una parte, la del país donde nació en 1931, y en cuya escuela pública se forjó como ferviente jacobino, y de otra, la de la patria de sus mayores, a la que ha dedicado sus esfuerzos como historiador. ‘La revolución de las comunidades de Castilla’, ‘La España del siglo XVI’, ‘Isabel y Fernando.Los Reyes Católicos’, ‘La expulsión de los judíos de España’, ‘Carlos V, soberano de dos mundos’ y ‘La España de Felipe II’ son algunas de sus obras principales. Ha sido rector de su Universidad (1978-1983), director de la Casa de Velázquez en Madrid (1989-1996) y puede vanagloriarse de que tanto Francia como España han reconocido su esfuerzo: es oficial de la Legión de Honor, posee la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y es comendador de la orden de Isabel la Católica

PREGUNTA.- Como estudioso de los Reyes Católicos, ¿qué papel les atribuye en la consolidación de una identidad española?
RESPUESTA.- A mediados del siglo XV, en la Península Ibérica no quedaban más que cuatro reinos cristianos: Portugal, Castilla, Aragón y Navarra. Los cuatro se consideraban originales, distintos, pero hermanos: todos eran españoles. A pesar de las diferencias políticas, existía una solidaridad indudable, se consideraban hermanos y compartían la idea de reconstituir la unidad política perdida. Pero ya era tarde para algo que no fuera una unión dinástica y ésta sólo podía hacerse desde Castilla, debido a su posición central. Castilla podía elegir entre una unión con Portugal o con Aragón. Los enlaces matrimoniales estaban destinados a recuperar la unidad peninsular y la boda de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, en 1469, puso los cimientos de ese proceso.
P.- ¿Quiere esto decir que ya existía una conciencia de ser españoles?
R.- Los españoles, como tales, nacen con la conciencia de no ser moros, de rechazar el Islam y de considerarse solidarios de la Cristiandad occidental. España es así el territorio cristiano opuesto a al-Andalus, el territorio de la misma Península ocupado por los moros.
P.- ¿Hasta entonces, nada?
R.- Sí y no. Yo creo que los españoles de la Reconquista, en los siglos IX y X, se sienten distintos de los moros pero, además, se consideran herederos de un legado anterior, de los visigodos y de la época romana.
P.- Volviendo a los Reyes Católicos, ¿cómo valora su unión?
R.- Es mucho más que una simple unión dinástica. Es una unión política. Las dos Coronas conservan sus instituciones, su lengua, sus aduanas, etc. Pero, al tiempo, tienen conciencia de formar parte de un mismo grupo y el propósito de que la unidad, existente ya desde el punto de vista cultural, sea política. Hasta mediados del siglo XVII, Cataluña, Aragón y Valencia lo aceptan perfectamente. Desde el punto de vista literario, en el Siglo de Oro, el
castellano es la lengua de cultura, incluso de los portugueses. Muchos cancioneros y romanceros de 1580 en adelante se publican en Valencia en castellano. Lo mismo se puede decir de Cataluña, el catalán sigue siendo la lengua de la administración, pero la lengua cultural, la que hablan los letrados, es el castellano.
P.- Sin embargo, los Reyes Católicos han tenido bastante mala prensa en las últimas décadas.
R.- Les ha perjudicado la reivindicación de su figura por parte de Franco. Pero la valoración anterior de los Reyes Católicos, incluso la de los liberales del siglo XIX, era muy positiva.Se les veía como los monarcas que habían terminado con las ambiciones del poder feudal, que habían puesto los cimientos de la unión nacional, habían terminado la Reconquista, propiciado el descubrimiento de América e impulsado el desarrollo cultural y económico, así como una ambiciosa política internacional, con la intervención en Italia.
Para los liberales, los Reyes Católicos son los últimos soberanos nacionales que tuvo España. Luego vendrían los extranjeros: los Austrias, a los que consideraban unos tiranos porque habían reprimido a los Comuneros de Castilla. También responsabilizaban a Carlos I de haber implicado a España en los problemas de la Reforma, en la lucha contra los protestantes. Así pues, mientras los liberales consideraban la política de los Austrias como la causante de la decadencia, el de los Reyes Católicos les parecía un reinado ejemplar. Y ahí interviene Franco. No es que desvirtúe lo anterior, sino que le da una reinterpretación sui generis. El autoritarismo de los Reyes Católicos contra la aristocracia parece prefigurar el poder fuerte que necesita España. Además, el franquismo reivindica la herencia de los Austrias, del Imperio y de la proyección de la política internacional católica, lo que no habían hecho los liberales. Es a partir de ahí, cuando el juicio sobre los Reyes Católicos cambia.
P.- El concepto de nación en ese momento parece más una construcción cultural que de otro tipo.
R.- Pero también política. Visto desde fuera, a partir de los Reyes Católicos, España es una unidad. En el exterior se habla de la política española, del ejército español, de la monarquía española. Hay dos Coronas, pero desde fuera, y esto acaba teniendo consecuencias dentro, lo que se fragua es España.
P.- ¿En la formación de España, queda algún residuo de al-Andalus?
R.- La España que conocemos, la que se expande, se reivindica como cristiana y solidaria de la Cristiandad europea. La Reconquista es también repoblación, se echa a los moros y se coloniza con cristianos del norte. En el siglo XIII, los moros que quedan en la Andalucía reconquistada son el 0,5 por ciento de la población.¿Cómo puede hablarse de mudejarismo sin mudéjares? Hay que reconocer que, durante siglos, los que vivían en la Península hablaban árabe, pero la voluntad política de los reconquistadores es acabar con el Islam y
reintegrarse a la Cristiandad.
P.- ¿Y de los judíos?
R.- En el siglo XV, los judíos españoles eran más importantes numéricamente que en Inglaterra o Francia, pues las condiciones de la Reconquista habían permitido la coexistencia de gentes de credos distintos: moros, cristianos y judíos. Sin embargo, muchos judíos se había convertido al cristianismo, no siempre de manera sincera, y muchos habían vuelto a judaizar en secreto. La cuestión de los judíos no era una cuestión de libertad individual como ahora. En aquella época los judíos tenían un estatuto aparte. ¿Es posible tener en una nación súbditos que estén sometidos a leyes distintas? En ninguna nación de Europa, no sólo en España, se concebía una situación semejante, sólo en caso de que fueran muy pocos. En toda Europa, el principio era el de «un rey, una ley, una fe». Así pues, en tiempo de los Reyes Católicos se decide no transigir con las conversiones que no sean sinceras. Y se considera que mientras haya judíos, los conversos sentirán la tentación de seguir judaizando. El establecimiento de la Inquisición y la expulsión de los judíos, en 1492, se debieron a esta intención de acabar con el multiculturalismo.
P.- ¿Cómo interpreta el proceso de beatificación de Isabel la Católica?
R.- Una beatificación siempre es una medida política. Si se realiza la beatificación de Isabel, se interpretará como una medida para justificar su obra. En mi opinión, es una figura de las más importantes de la Historia Universal, pero ¿merece por eso subir a los altares? Por otra parte, tampoco se la puede acusar de haber intentado un genocidio. La expulsión fue un acto violento, es evidente, pero si en tiempos de los Reyes Católicos se expulsó a 40.000 o 50.000 judíos, al final de la II Guerra Mundial se desplazó entre doce y quince millones de alemanes que vivían en Rusia, Polonia y Checoslovaquia, para que aquellos territorios quedaran limpios de minorías nacionales. No justifico a los Reyes Católicos, pero hay que relativizar.
P.- Usted plantea la creación de una conciencia nacional a partir de unas coincidencias de tipo cultural, principalmente la lengua, la solidaridad con la idea de la Cristiandad y, finalmente, en la consolidación de una imagen hacia el exterior. Pero esta unidad convive con la autonomía efectiva de los reinos hasta el siglo XVIII, con la llegada de los Borbones.
R.- La evolución es distinta en España y en Francia. En España se parte de varios reinos y señoríos, que poco a poco se intentan agrupar. En Francia, en cambio, se parte de un núcleo central, el territorio real, que poco a poco va agrandándose. El salto decisivo se realizó en el siglo XIX. La verdadera formación de la nación en Francia es muy reciente, de finales del siglo XIX. Es fruto de la Historia, pero también de la enseñanza y del servicio militar. En España no hubo nada similar. A la guerra de Cuba enviaron a gente pagada. De ahí el odio, el antimilitarismo de muchos españoles. En cambio, por las mismas fechas, en Francia se hace el servicio militar obligatorio para todos. La Primera Guerra Mundial unió a la patria, dio pie al concepto del ejército como la nación en armas, un modelo que le interesó mucho a Azaña. Un ejército que no es una fuerza de represión, sino que está concebido para defender el territorio nacional y como forma de integración.
P.- La revisión de la nación que hacen los liberales en el siglo XIX, a partir de la Guerra de la Independencia, ¿podría ser lo que marca la diferencia?
R.- La Guerra de la Independencia es la creación de la nación española en el sentido moderno de la palabra: la aparición del patriotismo, como reflejan los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Pero después, a mediados del siglo XIX, los gobiernos moderados convirtieron a la nación en algo preferentemente unido al catolicismo. De ahí que muchos españoles de izquierda se alejaran de una nación que ya no les parecía suya. Si ser español era ser católico, como pensaba Menéndez Pelayo, muchos españoles no encontraban su sitio.
P.- ¿Qué piensa del debate sobre los rasgos de la nación española, que la Constitución de 1978 define como plural?
R.- A todas luces, España se está transformando en Estado federal. A lo mejor es la solución. La actual situación procede de un pasado reciente. La Generación del 98 no ha tenido una influencia positiva en este aspecto, al exaltar la idea de que Castilla hizo a España. El castellanismo exagerado de Unamuno, Menéndez Pidal y Sánchez Albornoz no ha sido nada positivo para la formación de una nación moderna y ha contribuido mucho a los problemas actuales. Ahora me parece que es tarde para dar marcha atrás.La solución será la formación de un Estado federal. Algo que no es totalmente opuesto a una trayectoria histórica, pero que hubiera podido ser distinta.
P.- ¿En qué sentido?
R.- Si hubiera habido una escuela nacional, si no se hubieran producido fracasos como la Guerra de Cuba. El Ejército en Francia sirvió para dar conciencia nacional a los jóvenes. En España, en cambio fue más bien visto como una fuerza de represión contra los sindicatos, los huelguistas, etc.
P.- Cuando se habla de preservar las señas de identidad de España, ¿qué se está queriendo salvar?
R.- Hay una cultura que puede tener aspectos regionales, pero que no deja de ser española. A nadie se le ocurriría decir que Cervantes es un autor de Castilla-La Mancha. Hay autores catalanes o gallegos, pero creo que en realidad forman parte de una misma cultura, porque vienen del mismo grupo humano. El historiador Pierre Vilar pensaba que los nacionalismos periféricos se originaron en el desarrollo económico desigual, por una concentración de la
industria nacional a fines del XIX en determinadas zonas: Cataluña para el textil y Asturias o Bilbao para la siderurgia y los altos hornos, frente a un centro mucho más conservador, de estructuras arcaicas y campesinas.
P.- Usted ha estudiado el movimiento de las Comunidades de Castilla contra Carlos I, a principios del siglo XVI. Cuando en la Transición todo el mundo reivindicaba sus señas de identidad, los castellanos atribuyeron a los Comuneros el origen de un nacionalismo castellano distinto del español.
R.- No es tan descabellado. Las Comunidades son interesantes porque confirman lo que decíamos sobre la formación de regiones y reinos y señoríos distintos, culturalmente unidos, pero políticamente diversos. La revuelta de los Comuneros es castellana. Los comuneros están convencidos de que con Carlos V están perdiendo la independencia política, económica y social que habían conseguido con los Reyes Católicos. El hecho de que el rey de Castilla se transforme en emperador les hace pensar que se verán obligados a sufragar con su dinero y con sus hombres una política que no es castellana, sino dinástica. Su intuición era clara y tenían razón, porque es lo que ocurrió. El cambio total de la Historia de España en aquel momento se debe a la derrota de los Comuneros, porque se pierde la iniciativa de Castilla como nación, ya que va a tener que participar, mal que le pese, en una política imperial que no le interesa. En 1520, los Comuneros lo ven claro: hay un divorcio entre la nación y la dinastía. Le proponen que haga lo que quiera en Alemania, pero con los fondos del Imperio. Pero los comuneros resultan derrotados y la política de los Austrias mayores será imperial y no española. Quienes en 1975-1976 reivindicaban a los Comuneros tenían razón. De haber triunfado, se habría puesto en marcha una España bastante semejante a la de los Reyes Católicos, con una política internacional que defendía los intereses nacionales y no los dinásticos de los Austrias. El desarrollo de Castilla en parte se frustró a raíz de la derrota de los Comuneros. Éste es el aspecto fundamental de la rebelión comunera.

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