Trasplante

El doctor la abrió y encontró otro corazón verde. El segundo que había visto en su vida. Olía a mermelada de higo, venía remendado por su madre, y con unos divertido grafitis de mentiras de borracho cabrón. Por dentro contenía trozos de sandía, gotas de tequila y cáscaras de limón con olor a mar.
Aunque latía rápido le servía para su operación. Al cogerlo entre sus manos, el corazón le picó el ojo al doctor. Supo que se trataba de un corazón voluble, tierno como el pollo hervido, pero frito en aceite de cuerpo joven.
Sin pensárselo lo trasplantó a su mujer de setenta años. Cuando la mujer despertó se le vinieron encima treinta años de recuerdos y amores escondidos. Saltó de la cama del hospital y se pidió un tequila, compró un paquete de cigarrillos verdes y corrió a comprar un teléfono para llamar a Ignacio, un tipo del que nada sabía, pero del que quería, con furia, obtenerlo todo.

(María Paz Ruíz Gil)

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Una respuesta a Trasplante

  1. Susana Carletti dijo:

    ¿No se encuentran en las tienditas esos corazones? Le vendrían bien a muchos viejos amargados que no se acuerdan del amor o de la generosidad… Y a algunos jóvenes también y podrían venir en formato pendrive así no necesitarían ninguna operación más que las que ya conocen para poner sus jueguitos, y quizás hasta salieran corriendo a buscar libros para leer.
    Me encantó.

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