“Una lección y una esperanza” (Intercambio Epistolar sobre Ética y Política: carta de Luis Villoro al sup Marcos, feb.2011)

Para el Subcomandante Insurgente Marcos, de Luis Villoro, Febrero de 2011

He aceptado con gran gusto e interés este intercambio de escritos. Comparto la preocupación por la situación por la que atraviesa nuestro país y admiro, desde hace tiempo, lo que está realizando el movimiento zapatista.

En 1992, dos años antes del levantamiento zapatista, tuve la oportunidad de escribir un librito intitulado El Pensamiento Moderno. Filosofía del Renacimiento, edición del Fondo de Cultura Económica. Al releerlo, ahora, constaté grandes afinidades con lo que el EZLN habría de decir y hacer más adelante, con lo cual se confirman nuestras coincidencias desde el principio. Lo que entonces pensaba se ha vuelto hoy más pertinente y urgente que nunca: la ética y la justicia han de estar en el centro de la vida social. No debemos permitir que políticos de todo el espectro ideológico las expulsen de ahí y las conviertan en meras frases de discurso.

Empezaré primero por mencionar la situación ac­tual: el dominio del capitalismo mundial. Éste controla, con algunas excepciones, las políticas económicas que determinan la vida de las grandes mayorías así como los medios de comunicación que pretenden justificar­las. Expresa, en suma, un pensamiento de dominación.

Se trata, en efecto, de una guerra establecida desde el poder. Se supone que está dirigida contra el narcotráfico y contra el crimen organizado, pero es una guerra de quienes detentan el poder económico sin más proyecto que acrecentar las ganancias del capital.

Guerra desde arriba, muerte abajo, como usted lo afirma. Se expresa en un pensamiento de dominación que efectivamente podría conducir a la destrucción del tejido social, esencia de toda sociedad.

Esa es, en resumen, la situación mundial. Sin em­bargo, podemos señalar lugares en donde se vislumbra el inicio de un camino hacia un mundo mejor. Es esa una de las principales razones de que su experiencia siga siendo tan importante. Ahí, en Chiapas, a partir de antiguas raíces indígenas, sus propias cosmovisiones y sus particulares maneras de nombrar el mundo, ustedes han demostrado la posibilidad de realización de valo­res incluso opuestos. Mientras en el capitalismo rige el individualismo (los sacrosantos derechos individuales) en esta alternativa surge otro tipo de valores: valores comunitarios que respetan a la persona en su individua­lidad y se realizan en una comunidad. Se manifiesta así, con toda claridad, una “ética del bien común”.

En esas comunidades pequeñas, en el sureste mexicano, existe una nueva organización política: las llamadas “Juntas de Buen Gobierno” (JBG) que tratan de realizar valores éticos diferentes y aún opuestos a los del capitalismo. Son valores colectivos basados en la idea de comunidad o comunalidad. Frente al individualismo occidental moderno propicia la propiedad común que florece frente a la propiedad privada.

En el orden jurídico, nos da también una lección: frente al castigo de prisión opta por la asignación de un trabajo en beneficio de la comunidad para purgar la pena, a diferencia del encierro en nuestras sociedades.

En suma, contra el individualismo moderno, podría apelarse a otra tradición anterior subsistente en Indoamérica, la tradición comunitaria. Éste es un ejemplo de que otro mundo es posible frente a la modernidad occidental.

Otro ejemplo que marca una diferencia sustancial con Occidente, en lo que a valores se refiere, es su manejo de los conceptos contrarios tales como vencedor-vencido, bueno-malo, etc. Lo explica muy bien la paradoja de la guerra zapatista que usted, Sup Marcos, señala al final de su escrito y que pone en claro que el objetivo no es vencer destruyendo al enemigo, pues, en realidad, en las guerras no puede hablarse de vencedor o vencido ya que, desde el punto de vista humano, las muertes, la sangre derramada y la destrucción material, ambos bandos resultan perdedores.

Y esto sin hablar de los sobrevivientes. Como usted lo aclara: “La clave está en que la nuestra es una guerra que no pretende destruir al contrario en el sentido clásico. Es una guerra que trata de anular el terreno de su realización y las posibilidades de los contrincantes (nosotros incluidos)”.

Con referencia al tema del Estado nacional, cuya crisis se advertía ya desde hace décadas, –como lo constato en la p.153 de mi mencionado libro– “resultaba claro que los problemas planetarios de entonces sobrepasaban su capacidad de resolverlos y, por otro lado, no podía enfrentar las complejas demandas diversificadas de las comunidades particulares, tales como la creciente actividad de nacionalidades, etnias, comunidades y grupos sociales que afirmaban su identidad y exigían el derecho de la diversidad dentro de la igualdad” (palabras, estas últimas, que muestran una indudable afinidad con los postulados zapatistas).

“Con ello se anunciaba un cambio profundo en la manera de considerar el puesto del hombre en el orden social, mismo que ya no se configuraría como resultado de la voluntad mayoritaria de individuos iguales sino de la interrelación compleja entre comunidades y grupos heterogéneos. El poder político se justificaría si consagrare, a la vez que la igualdad, la diferencia.” (Ídem)

En cuanto al tan reiterado tema de “los derechos humanos que condensan el derecho de cada persona a realizarse plenamente, parecen ignorar que la persona no puede realizarse en soledad; luego implican el reconocimiento de los valores específicos de cada grupo y comunidad; implican, por ejemplo, el derecho de las etnias al desarrollo autónomo de su cultura y de sus formas de vida” (p.154) justamente el motivo que dio lugar a la histórica marcha del color de la tierra en 2001, cuyo desafortunado y vergonzoso desenlace usted también menciona en su misiva.

Sin embargo, los indiscutibles avances que hemos podido ver en nuestras diversas visitas a los Caracoles zapatistas (sedes de las JBG) desde 2003, fruto del ejercicio de su autonomía aplicada a los campos de la educación, salud y auto-gobierno, muestra que otro tipo de relación humana es posible donde la fraternidad, el respeto y la confianza imperan. Y donde es posible ejercer otro tipo de democracia más auténtica: la participativa, que tanto dista de la representativa que nosotros conocemos.

En cuanto a los procesos electorales y los partidos políticos, puedo decir que no tengo ninguna confianza. Puesto que se trata de ética y justicia, puesto que lo necesario es encarnar los valores que nos sustentan, no puedo depositar mi esperanza en quienes interminablemente disputan por sus pequeñas parcelas de poder y abandonan todo empeño serio de ocuparse del bien común.

Los logros antes mencionados en la zona zapatista, –y muy especialmente entre la juventud– muestran una realidad absolutamente distinta a lo que los medios de comunicación pretenden transmitir con su silencio acerca de este movimiento que ha despertado una impresionante solidaridad internacional. Ya bien conocemos la distorsión continua con que informan y con que ocultan el constante hostigamiento dirigido contra las comunidades y bases de apoyo, con el fin de moldear la opinión pública y borrar su capacidad crítica.

Afortunadamente con la tecnología moderna, han surgido alternativas que están cambiando dicha realidad: desde las redes sociales hasta las radios comunitarias, comprometidas en sacar a la luz lo silenciado y manipulado por los medios masivos, lo cual promete la recuperación del pensamiento crítico que hoy parece relegado a un estado de excepción.

Finalmente, puedo decir que nos queda una lección y una esperanza a quienes hemos tenido la oportunidad de seguir de cerca la resistencia zapatista a lo largo de los últimos 17 años así como la transformación que han logrado en su territorio a partir de su autonomía construyendo comunidades fraternas donde el temor, que hoy invade al país entero, no tiene cabida. Esto constituye una voz de esperanza en momentos como los actuales en que la degradación y la violencia parecen haber nublado nuestro panorama.

Saludos y adelante

Luis Villoro

(Fuente: http://revistarebeldia.org/revistas/numero77/07villoro.pdf)

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