Araceli B. A..- “Mi abuela me contó” (2011)

Os traigo hoy un testimonio en primera persona sobre la represión franquista. Sólo agradecer que me lo dejen poner aquí. Y espero que a tod@s nos sirva para valorar tantas cosas…

Mi abuela me contó que en los primeros bombardeos que hubo sobre su pueblo, un pueblecito de Toledo,  perdió a su mejor amiga. Rosa estaba dando de mamar a su bebé y un maldito proyectil los alcanzo. Cuando mi abuela fue a buscarla encontró partes de sus cabezas esparcidas por el techo. Recuerda que las manchas quedaron grabadas en el techo para siempre. Lo que más la impresionó fue que Rosa seguía abrazando a su bebé. Mi abuela lloraba, fue horrible, fue horrible… ¿por qué nos mataban? ¿Qué habíamos hecho? 

Mi abuela me contó que una tarde, estando en casa de sus padres, vinieron a buscar a su hermano, su único hermano. Trabajaba en el economato de “los rojos”. Le dijeron: “Manuel, tienes que venir con nosotros para dar cuenta de tus actos”. Él pidió que le dejaran dar un beso de despedida a su madre. Manuel corrió a la parte de atrás de la casa y se tiró al pozo. Mi abuela se ponía muy triste al recordar cómo sacaron a su hermano del pozo, y cómo su madre lo abrazaba y besaba. “Era tan joven y buena persona”, me decía, “él solo quería aprender a leer para poder ser alguien en la vida…” 

Mi abuela me contó que aun recordaba el sonido de las sirenas y las bombas, y cómo tenía que correr con sus hijos pequeños, mi tres tíos. Sobre todo recordaba cómo se caían los pequeños por las calles empedradas porque tenían mucho miedo.

En una de esas ocasiones, me cuenta,  mi abuelo se paró, llamo a mi abuela: “María, me tengo que marchar vienen a por mí”. Los besó y echó a correr al monte. Mi abuela quedó parada en medio de la calle abrazada a sus tres hijitos y ya no oía ni las sirenas, ni las bombas, ni el llanto de sus hijos, solo a mi abuelo: “os quiero, pero no quiero morir”. 

Mi abuela me contó que mi abuelo fue uno de esos que llamaban maquis. Su guerra fue en el monte. Mi abuela estuvo tres años sin saber si mi abuelo vivía o lo habían matado. Ella crió sola a mis tíos; trabajaba en el campo, en casas de los ricos, lavando en el río ropa para otros. Luchó, como tantos otros, por sobrevivir con sus hijos pequeñitos. 

Mi abuela me contó sobre mi abuelo: antes de irse al monte, una noche vinieron a por él: “Juan, tienes que demostrar que no eres uno de ellos”. Se lo llevaron a las afueras del pueblo.

Mi abuela quería que lo que me iba a contar no me hiciese ver a mi abuelo como a una persona mala, por lo que tuvo que hacer, y me repetía: “le obligaron, y no volvió a ser la persona alegre que siempre reía y bromeaba con los amigos”. Dicen que yo me parezco mucho a él porque siempre estoy riéndome. Claro, yo tengo mucha suerte. Tengo la libertad de decir, hacer, pensar, etc… lo que yo quiera y nadie, nadie, me puede matar por ello.

Lo que obligaron hacer a mi abuelo a las afueras del pueblo fue matar a un amigo, a un compañero, a un vecino. Le conocía de toda la vida, se criaron juntos y estoy segura que tuvo que ser lo más duro que hizo mi abuelo,  y no fue a la única persona que quitó la vida. Cuando llego al molino tenían en la pared a dos hombres, le dieron un arma y le dijeron: “o él o tú”. Cuando mi abuelo disparó giró la cabeza. Mi abuela me contaba que le hicieron colocarle los sesos (cerebro) al hombre que acababa de matar por haber girado la cabeza cuando disparó. 

No sé si mi abuelo era uno de ellos o de los otros, rojo o verde… Sé que era un hombre que sufrió mucho por decir, hacer, pensar, lo que él quería para su vida y la de su familia

Mi abuela me contó que la guerra civil  y la posguerra fueron terribles: se mataron hermanos contra hermanos por su forma de pensar.

Sólo se salvaban aquellos que se sometían a todos esos que podían pagar con su dinero, manchado de sangre, a las autoridades de esa época: la pareja de la Guardia Civil.

Mi abuela, sometida, sin poder hablar y decir lo que sentía. Así consiguió mi abuela sobrevivir y que yo supiera de su propia boca la verdad de todo lo que vivió. Alguna vez, estoy segura, le hubiera gustado protestar por los que les hacían, pero no tenían ningún derecho, ya que solo los que mandaban tenían todos los derechos de hacer lo que quisieran. Mandaban porque con la excusa de la guerra podían asesinar a quien quisiera o les estorbara para tener el poder. Recuerdo cómo decía: “no teníamos para comer, pero cuando aparecía la pareja de la Guardia Civil, teníamos que sacar la poca comida que teníamos para ellos“. 

Os cuento de mi abuela. Fue una pequeña mujer de un pueblecito español. Que vivió una guerra. Tuvo 11 hijos  y conoció y sufrió la muerte de 9 de ellos, la muerte de su marido, la muerte de su hermano, la muerte de sus amigas y amigos. Ella vivió hasta la edad de 94 años. Nunca se quejó, ni protestó por la época de la historia que le tocó vivir.

Estoy segura que a ella le gustaría que conozcáis estas historias para que, de algún modo, no se vuelva a repetir.

Yo espero que las vivencias que mi abuela me contó os sirvan para que valoréis la suerte que tenemos hoy en día de poder vivir como cada cual decide vivir. Sin ningún miedo de que por ellos debas pagar con tu vida y/o con  la vida de tus  seres queridos. 

A mis abuelos que hicieron de este mundo, con su dolor, un mundo mejor del que hoy disfrutamos.

En recuerdo de María,  Juan, Manuel y Máxima.

 (Araceli Bermejo Aragón)

 

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