Carlota Salgado Subiza.- “La historia sigue escribiéndose con sangre” (6-abril-2001)

Traigo a la sección de grandes firmas “invitadas” a Carlota (gracias por el “préstamo”). No comento nada, sólo os dejo que disfrutéis de su escritura.

La historia sigue escribiéndose con sangre 

He visto la maldad de los hombres. Cómo desgarra la carne de sus hermanos. Cómo alienta su codicia. Las atrocidades hablan de sus artífices. Los que están detrás y deberían ser condenados a la suerte que reparten entre sus iguales. Por ser diferentes a ellos. Por poder hacerlo. Por una falta de empatía y de moral total. Niños muertos ahogan sus gritos en mi conciencia. Madres asesinadas por tratar de salvarles me hablan para que no las olvide. Hombres libres encarcelando al trabajo esclavista y negando a otros la libertad que reciben. Y me pregunto quién se la ha dado. Quién ha estipulado que la merecen siendo así, utilizándola así contra otros. La justicia debería levantarse y condenar a muerte a aquel que se erige a sí mismo con ese derecho. Pero está callada de espanto. Ya dejó de gritar hace tiempo. Y como ella calla, yo hablo. Para que nadie olvide a los muertos que merecen ser nombrados. Para que nadie pierda el rastro de los que se levantaron en armas a luchar. Para los que creyeron en cambiar las cosas, en hacer de lo imposible, posible. Para hacerle un hueco en la historia que nadie cuenta y se haga justicia. Pero cómo hacerla con tantos sufridores. Cómo elevar sus espíritus a lo más alto desconociendo hasta sus nombres. La única vía que encuentro pues es recordar que existieron y que existen. Que mientras escribo esto la Historia sigue escribiéndose con sangre en muchos lugares. Y se sabe que sucede. Y se tolera por razones económicas. Por adquirir poder. Pero, qué es eso del poder. Algo poderoso es la elevación del ser humano a su mejor quehacer. Algo heroico es dar la vida por lo que uno cree. Algo recio es luchar por defender a aquellos que amas. Eso define al magnífico, al poderoso. Deberían redefinir las concepciones que se otorgan los poderosos y no acreditarse con tales términos que en nada les definen. El hombre se define por lo que hace, no por las palabras que gratuitamente se autoproclama. Que no nos confundan con sus estratagemas oscuras y sus vocablos sugerentes, porque no han hecho nada por el mundo para mejorarlo. No han dado nada valioso a nuestras vidas. Tan sólo actúan siempre movidos por sus propios beneficios sin importarles las consecuencias que se deriven de conseguirlos. Viven torturando a los demás. Matando los recursos naturales de la tierra. Cometen sus asesinatos en forma de leyes. Desde sus casas, sillones, muy lejanos a donde mueren sus victimas. Sin mancharse las manos con la sangre que mana de las heridas que causan. Viven contrariamente a la humanidad. Haciendo añicos al desinterés. Convirtiendo la brutalidad en su condición. Aplastando cualquier rasgo de altruismo y generosidad. Y, sin todo esto, se convierten en monstruos iracundos que han perdido su capacidad de beneficiar al mundo y a sus semejantes. Almas deformes encerradas en cuerpos que las ocultan. Pero hay que mirar más allá y señalarlos con el dedo cuando seamos conscientes de esta reflexión. Para que tu hermano pueda verlo y defenderse. Para que paguen por sus horrores. Para que no pasen inadvertidos entre nosotros. Para que no vuelvan a engañarnos nunca más. Para destruirlos.

Carlota Salgado Subiza, Cartas a Diagonal, 6-abril-2011

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