Los principios de la (otra) política

La Ética, se nos ha dicho, tiene qué ver con principios universales, tales como la libertad, la justicia, la vida. Hay más, pero tan sólo estos tres que enuncié tienen que ver con la aparición del otro. Es decir, con una relación social humana. Parece claro también que estos principios universales han sido desterrados de la práctica política de arriba.
Dice Don Durito de La Lacandona, un escarabajo que optó por el noble oficio de la andante caballería, que los principios son las armas con las que se puede resistir y vencer a quienes han hecho de la maldad su modo de vida.
Ha dicho muchas cosas más este escarabajo irreverente, es cierto, pero ahora quisiera detenerme en esta afirmación y decir lo siguiente:
1. La Globalización Neoliberal produce también un fenómeno de resistencia que, cada vez más y de forma más radical, incorpora a amplios sectores de la población.
2. Esta resistencia no es sólo en los sectores tradicionalmente explotados.
Ahora aparecen nuevos “actores” diciendo “no” y con más radicalismo que antes.
Aparecen, por ejemplo, grupos desconcertantes: por un lado, indígenas que hablan lenguas incomprensibles (es decir, inservibles para intercambiar mercancías); por el otro lado, jóvenes desempleados movilizándose en contra del gobierno y exigiendo respeto a su modo; o más allá, homosexuales, lesbianas y transexuales demandando reconocimiento a su diferencia; y, más acá, mujeres que se niegan a repetir los patrones de sumisión, consumo y reproducción.
3. Estos fenómenos de resistencia tienden a buscar comunicación con fenómenos parecidos en otras partes de su realidad inmediata. Iniciativas como La Otra Campaña son lugares de encuentro para quienes que no intercambian mercancías y capitales, sino algo muy peligroso: experiencias, apoyos mutuos, HISTORIAS.
4. La lucha contra la Globalización Neoliberal no es exclusiva de un pensamiento o de una bandera política o de un territorio geográfico, es una cuestión de supervivencia de la raza humana. O la humanidad o el neoliberalismo. Así como en determinados momentos de la historia de la humanidad, multitud de fuerzas resistieron y lucharon contra el mal, ahora son muchas las fuerzas que resisten y luchan contra el neoliberalismo.
Hablo de lo que hemos visto y escuchado no sólo en nuestro moreno corazón, también en nuestro periplo por los rincones del México de Abajo.
Y tenemos la certeza de que no perdimos nosotros, los que abajo somos lo que somos; y de que no ganaron ellos, los que son encima nuestro. La historia de abajo, no la de héroes, líderes y políticos saltimbanquis, la que hacemos hombres y mujeres, tiene aún mucho que andar y mucho falta por rodar a la vieja rueda de la rebelión.
No sólo hay dolores y penas en nuestro horizonte. Hay también colores por descubrir y mundos por hacer.
Y hay que nombrar al otro, a la otra, para que se tiendan los puentes que abajo son túneles y pasadizos en el tiempo de otro calendario y en el mapa de otra geografía
.
Busquemos en cualquier rincón del planeta y encontrémonos, de igual a igual, sin arriba ni abajo, sin mando ni obediencia, con las mujeres desafiando al destino de decoración utilitaria; con los jóvenes resistiendo el conformismo y la resignación; con los otros amores que reclaman contra la anormalidad con la que se les cataloga y clasifica; con los obreros y campesinos resistiendo a las 4 ruedas de dientes afilados del capitalismo, y con los indígenas que guardianes son de la tierra, la madre, la vida.
Busquemos el espejo abajo, no para lamentar el dolor que sabemos extendido y hondo, sino para romperlo y para ir al mañana que necesitamos y merecemos.
No nos traicionemos fingiendo sapiencia donde hay cinismo y desgano.
Eliminemos de nuestro vocabulario las palabras “rendición” y “resignación”.
Y levantemos el “nosotros” que ahora está fragmentado, pero que será mañana de la única forma que puede ser, es decir, en colectivo, abajo y a la izquierda.
Lograremos entonces que la manzana de Newton se sume a nuestra rebeldía y no siga su viaje, hasta entonces irresistible, hacia el suelo. Y quede entonces suspendida en el aire hasta que una niña, un niño, la tome del aire y, con cuidado, le saque las semillas para sembrarlas en ese mundo que existe ya porque nos atrevimos a soñarlo, es decir, a luchar por él.
Subcomandante Insurgente Marcos. México, Junio del 2007

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Acerca de Estación claridad: vengo llegando

Abajo y a la izquierda
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